lunes, 8 de julio de 2024

MOISÉS Y LA RELIGIÓN MONOTEÍSTA

 

MOISÉS Y LA RELIGIÓN MONOTEÍSTA (1939)

 

 Edgardo Rafael Malaspina Guerra


 

Este es el último libro de Freud y constas de tres ensayos iniciados en 1934, continuados en 1938 y finalizados en 1939. Freud , como judío, aclara desde el inicio:

“Privar a un pueblo del hombre que celebra como el más grande de sus hijos no es empresa que se acometerá de buen grado o con ligereza, tanto más cuanto uno mismo forma parte de ese pueblo. Ningún escrúpulo, sin embargo, podrá inducirnos a eludir la verdad en favor de pretendidos intereses nacionales, y, por otra parte, cabe esperar que el examen de los hechos desnudos de un problema redundará en beneficio de su comprensión”.

Freud llega a las siguientes conclusiones:

1.     Moisés es egipcio por razones filológicas (el nombre es egipcio) y culturales (legó al pueblo judio la costumbre egipcia de la circuncisión).

2.     Toma el monoteísmo  de Akenatón para transmitirlo al pueblo judío. Moisés colaboró con Akenatón en la implantación del monoteísmo o culto al sol. Al morir Akenatón la nueva religión cae en desgracia y también sus propulsores. Moisés huye con un pueblo semita (judíos) y le enseña la nueva religión.

3.     Según Freud, la religión es una neurosis que surge cuando los hijos asesinan al padre, y luego se arrepienten y empiezan a adorarlo. Ese arrepentimiento conforma una culpa trágica que conlleva la configuración de todos los elementos que tiene una religión, empezando por el pecado. Los judíos mataron a Moisés y luego lo rehabilitaron . En la cotidianidad sabemos que todas las personas son buenas luego de morir.

 

 

 PÁRRAFOS QUE ME LLAMARÓN LA ATENCIÓN

 

1

Lo primero que atrae nuestro interés en la persona de Moisés es precisamente su nombre, que en hebreo reza Mosche. Bien podemos preguntarnos: ¿De dónde procede este nombre; qué significa? Desde hace mucho tiempo y por diversos conductos, se ha expresado la presunción de que el nombre Moisés procedería del léxico egipcio. En lugar de mencionar a todos los autores que se han manifestado en este sentido, citaré la traducción del pasaje correspondiente de un nuevo libro de J. H. Breasted , autor a cuya History of Egypt (1906) se concede la mayor autoridad: «Es notable que su nombre, Moisés, sea egipcio. No es sino el término egipcio «mose» (que significa «niño») y representa una abreviación de nombres más complejos, como, por ejemplo, «Amen-mose», es decir, «niño de Amon», o «Ptahmose», «niño de Ptah», nombres que a su vez son abreviaciones de apelativos más largos: «Amon (ha dado un) niño», o «Ptah (ha dado un) niño». El nombre abreviado «Niño» se convirtió pronto en un sustituto cómodo para el complicado nombre completo, de modoque la forma nominal Mose se encuentra con cierta frecuencia en los monumentos egipcios.

2

Las épocas muy remotas cautivan la fantasía humana con atracción poderosa, a veces enigmática. Cada vez que el hombre se siente insatisfecho con su presente -y esto sucede muy a menudo-, se vuelve hacia el pasado, esperando ser realizado allí el eterno sueño de la edad de oro. Probablemente, siga hallándose todavía bajo el hechizo de su infancia, que una memoria harto parcial le evoca como una época de imperturbable bienaventuranza. Cuando sólo quedan del pasado los fragmentarios y esfumados recuerdos que llamamos tradición, los artistas sienten un incentivo especial, pues entonces pueden colmar libremente y al arbitrio de su fantasía las lagunas del recuerdo, plasmando conforme a sus propósitos la imagen de la época que pretenden evocar.

3

Entre todos los acontecimientos de la prehistoria judía que los poetas, los sacerdotes y los historiadores ulteriores trataron de elaborar se destaca uno que era necesario suprimir por los más obvios y poderosos motivos humanos. Se trata del asesinato de Moisés, el gran conductor y libertador, crimen que Sellin pudo colegir a través de alusiones contenidas en los libros de los profetas. No cabe calificar de fantástica la hipótesis de Sellin, pues tiene suficientes visos de probabilidad. Moisés, discípulo de Ikhnaton, tampoco empleó métodos distintos a los del rey: ordenó, impuso al pueblo su creencia. La doctrina de Moisés quizá fuera aún más rígida que la de su maestro, pues ya no necesitaba ajustarse al dios solar, dado que la escuela de On carecía de todo significado para el pueblo extranjero. Tanto Moisés como lkhnaton sufrieron el destino de todos los déspotas ilustrados. El pueblo judío de Moisés era tan incapaz como los egipcios de la dinastía XVIII para soportar una religión tan espiritualizada, para hallar en su doctrina la satisfacción de sus anhelos. En ambos casos sucedió lo mismo: los tutelados y oprimidos se levantaron y arrojaron de sí la carga de la religión que se les había impuesto.

4

He aquí cuanto se ha establecido históricamente, comienza ahora nuestra prosecución hipotética. Entre las personas próximas a Ikhnaton encontrábase un hombre llamado quizá Thothmés, como entonces se llamaban muchos otros; mas poco importa el nombre, salvo que su segunda parte debió de ser-mose. Era un encumbrado personaje, decidido, partidario de la religión de Aton; pero, al contrario del caviloso rey, era enérgico y apasionado. Para este hombre, la caída de Ikhnaton y la abolición de su creencia implicaban el fin de todas sus esperanzas. En Egipto sólo podía seguir viviendo como proscrito o como renegado. Siendo quizá gobernador de una provincia limítrofe, habríase relacionado con una tribu semita inmigrada allí algunas generaciones antes. En la zozobra de su desengaño y su aislamiento se vinculó con estos extranjeros, buscando en ellos compensación para lo que había perdido. Los adoptó como pueblo suyo y trató de realizar en ellos sus ideales. Después de haber abandonado Egipto acompañado de su séquito, los ungió con el signo de la circuncisión, les dio leyes, los inició en las doctrinas de la religión atónica, que los egipcios acababan de proscribir. Los preceptos que este hombre, Moisés, dio a sus judíos, quizá fueran aún más severos que los de su amo y maestro Ikhnaton; quizá abandonara también el culto del dios solar de On, que aquél aún había conservado.

5

El pueblo judío abandonó la religión de Aton que le había dado Moisés, dedicándose a la adoración de otro dios, poco diferente de los Baalim que veneraban los pueblos vecinos. (*)

* La Adoración a Baal entre los Israelitas: Nada pudo ser peor para una fe espiritual que esta sensual religión. De hecho, tan pronto los israelitas viniendo del desierto, tuvieron contacto con los adoradores de Baal, con la astucia de los madianitas y los atractivos del culto licencioso ofrecido a la deidad moabita (probablemente Kemós), fácilmente fueron apartados de su lealtad a Yahveh (Números 25,1-9). A partir de aquí el nombre del Baal de Peor (Beelphegor) quedó como una mancha oscura en la historia temprana de Israel (Oseas 9,10; Sal. 106(105),28).(ec wiki. Enciclopedia Católica Online)

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