MOISÉS
Y LA RELIGIÓN MONOTEÍSTA (1939)
Este
es el último libro de Freud y constas de tres ensayos iniciados en 1934, continuados
en 1938 y finalizados en 1939. Freud , como judío, aclara desde el inicio:
“Privar
a un pueblo del hombre que celebra como el más grande de sus hijos no es empresa
que se acometerá de buen grado o con ligereza, tanto más cuanto uno mismo forma
parte de ese pueblo. Ningún escrúpulo, sin embargo, podrá inducirnos a eludir
la verdad en favor de pretendidos intereses nacionales, y, por otra parte, cabe
esperar que el examen de los hechos desnudos de un problema redundará en
beneficio de su comprensión”.
Freud
llega a las siguientes conclusiones:
1. Moisés
es egipcio por razones filológicas (el nombre es egipcio) y culturales (legó al
pueblo judio la costumbre egipcia de la circuncisión).
2. Toma
el monoteísmo de Akenatón para
transmitirlo al pueblo judío. Moisés colaboró con Akenatón en la implantación del
monoteísmo o culto al sol. Al morir Akenatón la nueva religión cae en desgracia
y también sus propulsores. Moisés huye con un pueblo semita (judíos) y le
enseña la nueva religión.
3. Según
Freud, la religión es una neurosis que surge cuando los hijos asesinan al padre,
y luego se arrepienten y empiezan a adorarlo. Ese arrepentimiento conforma una
culpa trágica que conlleva la configuración de todos los elementos que tiene
una religión, empezando por el pecado. Los judíos mataron a Moisés y luego lo
rehabilitaron . En la cotidianidad sabemos que todas las personas son buenas
luego de morir.
PÁRRAFOS QUE ME LLAMARÓN LA ATENCIÓN
1
Lo
primero que atrae nuestro interés en la persona de Moisés es precisamente su
nombre, que en hebreo reza Mosche. Bien podemos preguntarnos: ¿De dónde
procede este nombre; qué significa? Desde hace mucho tiempo y por diversos
conductos, se ha expresado la presunción de que el nombre Moisés procedería del
léxico egipcio. En lugar de mencionar a todos los autores que se han
manifestado en este sentido, citaré la traducción del pasaje correspondiente de
un nuevo libro de J. H. Breasted , autor a cuya History of Egypt (1906) se
concede la mayor autoridad: «Es notable que su nombre, Moisés, sea egipcio. No
es sino el término egipcio «mose» (que significa «niño») y representa una
abreviación de nombres más complejos, como, por ejemplo, «Amen-mose», es decir,
«niño de Amon», o «Ptahmose», «niño de Ptah», nombres que a su vez son
abreviaciones de apelativos más largos: «Amon (ha dado un) niño», o «Ptah (ha
dado un) niño». El nombre abreviado «Niño» se convirtió pronto en un sustituto
cómodo para el complicado nombre completo, de modoque la forma nominal Mose se
encuentra con cierta frecuencia en los monumentos egipcios.
2
Las
épocas muy remotas cautivan la fantasía humana con atracción poderosa, a veces
enigmática. Cada vez que el hombre se siente insatisfecho con su presente -y
esto sucede muy a menudo-, se vuelve hacia el pasado, esperando ser realizado
allí el eterno sueño de la edad de oro. Probablemente, siga hallándose todavía
bajo el hechizo de su infancia, que una memoria harto parcial le evoca como una
época de imperturbable bienaventuranza. Cuando sólo quedan del pasado los
fragmentarios y esfumados recuerdos que llamamos tradición, los artistas
sienten un incentivo especial, pues entonces pueden colmar libremente y al
arbitrio de su fantasía las lagunas del recuerdo, plasmando conforme a sus
propósitos la imagen de la época que pretenden evocar.
3
Entre
todos los acontecimientos de la prehistoria judía que los poetas, los
sacerdotes y los historiadores ulteriores trataron de elaborar se destaca uno
que era necesario suprimir por los más obvios y poderosos motivos humanos. Se
trata del asesinato de Moisés, el gran conductor y libertador, crimen que
Sellin pudo colegir a través de alusiones contenidas en los libros de los
profetas. No cabe calificar de fantástica la hipótesis de Sellin, pues tiene suficientes
visos de probabilidad. Moisés, discípulo de Ikhnaton, tampoco empleó métodos distintos
a los del rey: ordenó, impuso al pueblo su creencia. La doctrina de Moisés
quizá fuera aún más rígida que la de su maestro, pues ya no necesitaba
ajustarse al dios solar, dado que la escuela de On carecía de todo significado
para el pueblo extranjero. Tanto Moisés como lkhnaton sufrieron el destino de
todos los déspotas ilustrados. El pueblo judío de Moisés era tan incapaz como
los egipcios de la dinastía XVIII para soportar una religión tan
espiritualizada, para hallar en su doctrina la satisfacción de sus anhelos. En
ambos casos sucedió lo mismo: los tutelados y oprimidos se levantaron y
arrojaron de sí la carga de la religión que se les había impuesto.
4
He
aquí cuanto se ha establecido históricamente, comienza ahora nuestra prosecución
hipotética. Entre las personas próximas a Ikhnaton encontrábase un hombre llamado
quizá Thothmés, como entonces se llamaban muchos otros; mas poco importa el nombre,
salvo que su segunda parte debió de ser-mose. Era un encumbrado personaje, decidido,
partidario de la religión de Aton; pero, al contrario del caviloso rey, era
enérgico y apasionado. Para este hombre, la caída de Ikhnaton y la abolición de
su creencia implicaban el fin de todas sus esperanzas. En Egipto sólo podía
seguir viviendo como proscrito o como renegado. Siendo quizá gobernador de una
provincia limítrofe, habríase relacionado con una tribu semita inmigrada allí algunas generaciones antes. En la zozobra de su desengaño y su aislamiento se
vinculó con estos extranjeros, buscando en ellos compensación para lo que había
perdido. Los adoptó como pueblo suyo y trató de realizar en ellos sus ideales. Después
de haber abandonado Egipto acompañado de su séquito, los ungió con el signo de la
circuncisión, les dio leyes, los inició en las doctrinas de la religión atónica,
que los egipcios acababan de proscribir. Los preceptos que este hombre, Moisés,
dio a sus judíos, quizá fueran aún más severos que los de su amo y maestro
Ikhnaton; quizá abandonara también el culto del dios solar de On, que aquél aún
había conservado.
5
El
pueblo judío abandonó la religión de Aton que le había dado Moisés, dedicándose
a la adoración de otro dios, poco diferente de los Baalim que veneraban
los pueblos vecinos. (*)
*
La
Adoración a Baal entre los Israelitas: Nada pudo ser peor para una fe
espiritual que esta sensual religión. De hecho, tan pronto los israelitas
viniendo del desierto, tuvieron contacto con los adoradores de Baal, con la
astucia de los madianitas y los atractivos del culto licencioso ofrecido a la
deidad moabita (probablemente Kemós), fácilmente fueron apartados de su lealtad
a Yahveh (Números 25,1-9). A partir de aquí el nombre del Baal de Peor
(Beelphegor) quedó como una mancha oscura en la historia temprana de Israel
(Oseas 9,10; Sal. 106(105),28).(ec wiki. Enciclopedia Católica Online)