miércoles, 28 de julio de 2021

EL LIBRO TIBETANO DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

 


EL LIBRO TIBETANO DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

El libro tibetano de la vida y de la muerte (1992) de Sogyal Rimpoché examina el Libro tibetano de los muertos (El Bardo thodol) a la luz del prisma occidental y de los avances de la ciencia. Compara los diferentes bardos y etapas después de la muerte con el sueño y las visiones de los que han pasado por experiencias cercanas a la muerte, y cita el texto de Elisabeth Kübler Ross “Sobre la muerte y los moribundos” (1969) como una de las investigaciones científicas más serias sobre este tema.

Rimpoché defiende la tesis de enfrentar la muerte desde la infancia tal cual es para llevar una vida serena y de que los moribundos tienen el derecho a la asistencia espiritual. Todas sus ideas se fundamentan en la doctrina de Buda.

Frases:

1

La muerte es un espejo en el que se refleja todo el sentido de la vida.

2

Así pues, según el punto de vista del budismo tibetano, podemos dividir toda nuestra existencia en cuatro realidades continuamente entrelazadas: l) la vida, 2) el morir y la muerte,

3) después de la muerte y 4) el renacimiento. Se las conoce como los cuatro bardos: l) el bardo natural de esta vida, 2) el bardo doloroso del morir, 3) el bardo luminoso de dharmata y 4) el bardo kármico del devenir.

3

El célebre santo y poeta tibetano Milarepa escribió: “Mi religión es vivir, y morir, sin remordimientos”.

4

“No sabemos dónde nos espera la muerte: así pues, esperémosla en todas partes. Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre que ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo” (Montaigne).

5

Sabiendo y comprendiendo esto, deberíamos escuchar a Gyalsé Rimpoché cuando nos dice:

Hacer planes para el futuro es como ir a pescar en un barranco seco; nada sale jamás como quieres;  renuncia pues a todos tus proyectos y ambiciones. Si has de pensar en algo, que sea

en la incertidumbre de la hora de tu muerte...

6

Una de las principales razones por las que tanto nos cuesta y tanta angustia nos produce afrontar la muerte es que ignoramos la verdad de la impermanencia. Reflexione sobre esto: la percepción de la impermanencia es, paradójicamente, la única cosa a que podemos aferramos, quizá nuestra única posesión duradera.

7

Lo único que tenemos en realidad es el ahora.

8

Todos nos estamos muriendo. Sólo es cuestión de tiempo: algunos morimos antes que otros.

La vida es un continuo cambio de pequeñas muertes.

Aprender a vivir es aprender a desprenderse.

El amor sufre a causa del apego.

9

Buda dijo:

Sabed que todas las cosas son como esto:

un espejismo, un castillo de nubes,

un sueño, una aparición,

sin esencia, pero con cualidades que pueden verse.

10

Milarepa escribió:

Llevado por el horror a la muerte, me fui a las montañas.

Medité y medité sobre la incertidumbre de la hora de la muerte,

hasta captar la fortaleza de la inmortal e infinita naturaleza de la mente.

Ahora todo miedo a la muerte se ha desvanecido y se ha acabado.

 

lunes, 26 de julio de 2021

TRATADO DE ATEOLOGÍA

 


TRATADO DE ATEOLOGÍA: FÍSICA DE LA METAFÍSICA (2006) DE MICHEL ONFRAY

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

I

El filósofo Frances Michel Onfray en Tratado de Ateología: Física de la metafísica arremete contra las tres religiones principales: judaísmo , cristianismo e islamismo desde diferentes ángulos: histórico, racional, lógico y sentido común. Demuestra sus profundas inconsistencias y contradicciones, sus sesgados puntos de vistas sexuales, racistas, clasistas, sociales, económicos y políticos en general.

II

El monoteísmo ama la muerte y odia la vida, la razón, la libertad, la inteligencia y la libertad.

III

Onfray parte de la Muerte de Dios nietzscheana para luego citar a una serie de filósofos que han abordado el tema. Luego habla de cómo cada versículo de cualquiera de los libros monoteístas  (Talmud, Tora, Biblia o Corán) afirma una cosa para más adelante contradecir esa afirmación; y más luego volver al primer punto, de tal maneral que su interpretación puede hacerse como más convenga de acuerdo a las circunstancias. Esta cualidad proteica les permite adaptarse a todos los gustos y situaciones .

IV

Jehová, Dios o Alá son autoritarios y xenófobos. Aman a su pueblo y odian a los demás. Son de carácter irascible y guerreros. Prometen territorios que pertenecen a otros habitantes y despiadadamente los desalojan de sus lares sin ningún tipo de compasión.

V

No hay pruebas de la existencia histórica de Jesús. Pablo de Tarso era un enfermo mental: esquizofrénico, histérico; Y el emperador Constantino era un oportunista que aprovechó la coyuntura política para que las clases poderosas se quedaran con las riquezas, placeres y bondades del “más acá” y dejaron a los pobres el incierto “más allá”.

VI

El Corán destila odio, fuego y venganza en cada una de sus páginas.

PÁRRAFOS

 

1

La inexistencia histórica de cristo: Como enseña la etimología, Jesús significa «Dios salva, ha salvado y salvará. ¿Quién es el autor de Jesús? Marcos. El evangelista Marcos, primer autor del relato de aventuras maravillosas del llamado Jesús. Probable compañero de Pablo de Tarso en su travesía misionera, redactó su texto hacia el año 70. No hay pruebas de que haya conocido a Jesús en persona, ¡y con razón! El trato personal hubiese sido evidente y constaría en el texto. Pero no nos codeamos con las ficciones...

2

Los evangelistas crean una verdad al repetir sin cesar las ficciones. La agresividad militante paulina, el golpe de Estado de Constantino y la represión de las dinastías valentiniana y teodosiana hacen el resto.

3

Jesús es, pues, un personaje conceptual. Toda su realidad se basa en esta definición. Existió, sin duda alguna, pero no como figura histórica..., sino de una manera tan increíble, que poco importa que haya existido o no. Existe como la materialización de las aspiraciones proféticas de su época y de lo maravilloso propio de los autores antiguos, conforme al principio performativo que crea al nombrar. Los evangelistas escriben una historia y en ella narran menos el pasado de un hombre que el futuro de una religión. Argucias de la razón: creen en el mito y éste los crea. Los creyentes inventan su criatura y luego le rinden culto: el principio mismo de la alienación...

4

No desprecio a los creyentes, no me parecen ni ridículos ni dignos de lástima, pero me parece desolador que prefieran las ficciones tranquilizadoras de los niños a las crueles certidumbres de los adultos. Prefieren la fe que calma a la razón que intranquiliza, aun al precio de un perpetuo infantilismo mental. Son malabares metafísicos a un costo monstruoso.

5

Para conjurar la muerte, el homo sapiens la deja de lado. A fin de evitar resolver el problema, lo suprime. Tener que morir sólo concierne a los mortales: el creyente, ingenuo y necio, sabe que es inmortal, que sobrevivirá a la hecatombe universal...

6

Porque Dios no está muerto ni agonizante, al contrario de lo que pensaban Nietzsche y Heine. Ni muerto ni agonizante, porque no es mortal. Las ficciones no mueren, las ilusiones tampoco.

7

El silencio de Dios permite el palabrerío de sus ministros.

8

Protágoras :  “De los dioses, que no puedo concluir nada en cuanto a ellos, ni su existencia, ni su inexistencia” (Agnosticismo.).

9

Mortales, finitos, limitados, dolidos por esas constricciones, los humanos, preocupados por la completud, inventan una potencia dotada precisamente de las cualidades opuestas: con sus defectos dados vuelta como los dedos de un par de guantes, fabrican las cualidades ante las que se arrodillan y luego se postran. ¿Soy mortal? Dios es inmortal. ¿Soy finito? Dios es infinito. ¿Soy limitado? Dios es ilimitado. ¿No lo sé todo? Dios es omnisciente. ¿No lo puedo todo? Dios es omnipotente. ¿No tengo el don de la ubicuidad? Dios es omnipresente. ¿Fui creado? Dios es increado. ¿Soy débil? Dios encarna la Omnipotencia. ¿Estoy en la tierra? Dios está en el cielo. ¿Soy imperfecto? Dios es perfecto. ¿No soy nada? Dios es todo, etcétera. La teología, afirma Feuerbach, es una “patología psíquica”,

10

Nietzsche. Y con él, el pensamiento idealista, espiritualista, judeo-cristiano, dualista, es decir, el pensamiento dominante, empieza a preocuparse: su monismo dionisiaco, su lógica de las fuerzas, su método genealógico, su ética atea, permiten vislumbrar una salida del cristianismo. Por primera vez, un pensamiento poscristiano radical y elaborado aparece en el horizonte occidental.

11

Hay que enseñar en las escuelas Antes la Genealogía de la moral que las Epístolas a los Corintios.

12

Ahora bien. las religiones deberían incluirse entre las materias ya existentes -filosofía, historia, literatura, artes plásticas, lenguas, etc.-, como enseñamos las protociencias: por ejemplo, la alquimia en el curso de química, la fitognomónica y la frenología en ciencias naturales, el totemismo y el pensamiento mágico en filosofía, la geometría euclidiana en matemáticas, la mitología en historia... O relatar epistemológicamente de qué modo el mito, la fábula, la ficción y la sinrazón preceden a las otras ciencias.

13

La religión, esa creación de ficciones, requeriría un desmontaje en toda regla de aquellos placebos ontológicos, como en filosofía abordamos la cuestión de la brujería, la locura y los límites, para encontrar y circunscribir una definición de la razón.

14

SI Dios existe, entonces todo está permitido Me explico. Tres mil años lo atestiguan, desde los primeros textos del Antiguo Testamento hasta el presente: la afirmación de un Dios único, violento, celoso, pleitista, intolerante, belicoso ha causado más odio, sangre, muertes y

brutalidad que paz... El fantasma judío del pueblo elegido que legitima el colonialismo, la expropiación, el odio, la animosidad entre los pueblos.

15

En casi todas las páginas del Corán hay llamados a acabar con los infieles, su religión, cultura, civilización, pero también con los judíos y los cristianos, ¡en nombre de un Dios misericordioso.

16

La existencia de Dios, me parece, ha generado en su nombre muchas más batallas, masacres, conflictos y guerras en la historia que paz, serenidad, amor al prójimo, perdón de los pecados o tolerancia.

17

Moisés, Pablo y Mahoma sobresalieron, cada uno por su parte, en el asesinato, las palizas o las razzias, como demuestran sus biografías.

18

Las iglesias están vacías los domingos -aunque no para las bodas y menos aún para los entierros.

19

La anatomía, la medicina, la fisiología, desde luego, pero también la filosofía, la teología y la estética contribuyen a la escultura cristiana de la carne. La mirada que uno se dirige a sí mismo, la del médico, la del especialista en diagnóstico por imágenes, la filosofía de la salud y la enfermedad, el concepto de sufrimiento, el papel que se le otorga al dolor, por lo tanto, la relación con la farmacopea, las sustancias, las drogas, el lenguaje que usa el que cura para dirigirse al enfermo, pero también la relación de uno consigo mismo, la integración de una imagen de sí y la construcción de un ideal del yo fisiológico, anatómico y psicológico, nada de eso se construye sin los discursos mencionados. Así pues, la cirugía o la farmacología, la medicina alopática y los cuidados paliativos, ginecología y la tanatología, el servicio de emergencias y la oncología, la psiquiatría y la clínica experimentan la ley judeocristiana sin percibir en particular de modo claro los síntomas de esa contaminación ontológica.

20

La Carta al personal de la salud del Vaticano condena la transgénesis, la experimentación con el embrión, la fecundación in vitro y transferencia embrionaria, las madres portadoras, la procreación asistida médicamente para las parejas no casadas u homosexuales, el clonaje reproductivo, pero también el terapéutico, los cócteles analgésicos que anulan la conciencia al final de la vida, la utilización terapéutica del cannabis, la eutanasia. En cambio, elogia los cuidados paliativos e insiste en el papel salutífero del dolor: posiciones que los comités de ética, en apariencia laicos y separados falsamente de la religión, repiten a coro...

21

La ateología se propone  deconstruir los tres monoteísmos y mostrar cómo, a pesar de sus diversidades históricas y geográficas, a pesar del odio que se manifiestan los protagonistas de las tres religiones desde hace siglos, a pesar de la aparente irreductibilidad, en la superficie, de la ley mosaica, de los dichos de Jesús y de la palabra del Profeta, a pesar de los tiempos genealógicos diferentes de las tres variaciones llevadas a cabo durante más de diez siglos de un solo y único tema, la base sigue siendo la misma. Variaciones de grado, no de naturaleza.

22

 Pablo de Tarso se creía el delegado de Dios cuando en realidad sólo estaba cursando su propia neurosis; su odio hacia sí mismo transformado en odio hacia el mundo: su impotencia, su resentimiento y la revancha de un aborto -según su propio término...- transformados en motor de una individualidad que se expandió por toda la cuenca mediterránea.

23

Deconstruir los monoteísmos, desmistificar el judeocristianismo - también el islam, por supuesto-, luego desmontar la teocracia: éstas son las tres tareas inaugurales para la ateología.

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La vida se inscribe brevemente entre dos nadas.

25

Los tres monoteísmos, a los que anima la misma pulsión de muerte genealógica, comparten idénticos desprecios: odio a la razón y a la inteligencia; odio a la libertad; odio a todos los libros en nombre de uno solo.

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Por la etimología nos enteramos de que islam significa sumisión...

27

SOBRE PABLO DE TARSO:

 

 

 

 

Al comienzo, ese judío histérico e imegrista gozaba persiguiendo a cristianos y asistiendo a sus castigos. Cuando los fanáticos lapidaron a Esteban, los acompañó. Y otras veces también, según parece. La conversión en el camino de Damasco,  en el año 34, se relaciona puramente con la patología histérica: cae al suelo (y no de un caballo, como muestran Caravaggio y la tradición pictórica...), una luz intensa lo ciega, oye la voz de Jesús, no ve durante tres días y no come ni bebe durante ese periodo.

No es difícil hacer un diagnóstico médico: la crisis aparece siempre  en presencia de otras personas -como en este caso...-, la caída, la ceguera llamada histérica -o amaurosis transitoria-, por lo tanto pasajera, la suspensión sensorial -sordera, anosmia, ageusia- durante tres días, la tendencia mitómana -Jesús le habla en persona...-, el histrionismo o exhibicionismo moral -una treintena de años de teatralización de un personaje imaginario, designado por Dios y elegido por él para cambiar el mundo-. Toda la crisis se asemeja, hasta el punto de confundirse con ella, a la descripción de la histeria de un manual de psiquiatría, capítulo de las neurosis, sección histerias... Ni más ni menos que una verdadera histeria... ¡de conversión! (Síndrome de conversión)

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Pablo de Tarso sufre toda su vida de impotencia sexual o de una libido problemática: en forma reactiva, tiene la ilusión de libertad y de independencia al creer librarse de lo que lo determina, luego afirma lo que quiere, lo elige y lo decide a plena conciencia. Incapaz de poder llevar una vida

sexual digna de ese nombre, Pablo decreta nula y sin valor cualquier forma de sexualidad para él, sin duda, pero también para todos. Quiere ser como el resto del mundo y al mismo tiempo exige que todo el mundo lo imite. De ahí surge el poderoso deseo que toda la humanidad se pliegue a las reglas de sus propios determinismos...

Para un cristiano resulta difícil amar al prójimo, sobre todo si es judío... Saulo convertido en Pablo se entregó con entusiasmo a combatir el judaísmo, con la misma pasión con que se dedicó, antes de emprender el camino de Damasco, a perseguir a cristianos, molerlos a golpes, e incluso enviarlos sin demora al otro mundo. Para promocionar la secta a la que se volvió adicto le era necesario imponer la noción de que Jesús era el Mesías anunciado en el Antiguo Testamento y que Cristo abolía el judaísmo al cumplir la profecía.

Como los seguidores de Yahvé no creyeron en esas tonterías del Hijo de Dios muerto en la cruz para salvar a la humanidad, se convirtieron en adversarios, y luego, muy pronto, en enemigos.

 

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Aparecen las mismas imprecisiones en los textos del Nuevo Testamento. Los más antiguos datan de medio siglo después de la supuesta vida de Jesús. En todos los ejemplos, ninguno de los cuatro

evangelistas conoció real y físicamente a Cristo. En el mejor de los casos, su saber proviene del relato mitológico y fabuloso transmitido de manera oral y luego transcrito entre el año 50 de nuestra era -las epístolas de Pablo- y fines del siglo I -el Apocalipsis-. No obstante, no existe ninguna copia de los evangelios antes de fines del siglo II o principios del III. Fechamos a ojo los pretendidos hechos, creyendo a priori lo que los textos relatan.

30

En cada uno de los tres libros fundadores abundan las contradicciones: a cada cosa dicha le sigue casi de inmediato su contradicción, se hace una advertencia, pero la contraria también, se prescribe un valor y su antítesis un poco más allá. La labor de fijación definitiva, la construcción de un corpus coherente no ha servido de nada, ni siquiera la decisión de denominar «sinópticos» tres

evangelios, puesto que cada uno se puede leer en relación con los otros. El judío, el cristiano y el musulmán pueden consultar, según su deseo, en la Tora, los Evangelios y el Corán; encontrarán motivos, según su necesidad, para justificar lo blanco y lo negro, el día y la noche, el vicio y la virtud.

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¿Un jefe militar busca un versículo que justifique su acción? Encontrará una cantidad increíble de ellos. ¡Pero un pacifista que deteste la guerra, decidido a hacer valer su punto de vista, también puede esgrimir frases, citas o palabras contrarias! ¿Otro consulta el texto para justificar la guerra de exterminación total? Hay libros y también textos. ¿Otro clama por la paz universal? Igualmente encontrará máximas apropiadas. ¿Un antisemita justifica su odio histérico? ¿Un creyente quiere basar su desprecio por los palestinos con la Biblia en la mano? ¿Un misógino desea demostrar la inferioridad de las mujeres? Abundan los textos a favor... Pero una palabra extraída de ese caos también permite deducir lo contrario. Lo mismo ocurre si se desea descargar la conciencia justificando el odio, las masacres y el desprecio, pues hay tanto material para legitimar la bajeza como para ejercer un indudable amor al prójimo.

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Demasiadas páginas escritas en demasiados años por demasiadas personas desconocidas, demasiadas reposiciones y retrocesos, demasiadas fuentes y demasiados materiales. A falta de un único inspirador. Dios, los tres libros considerados sagrados incluyen muchos escribas, intermediarios y copistas. Ninguno de los libros es coherente, homogéneo y unívoco. Llegamos, pues, a la incoherencia, la heterogeneidad y la pluralidad de voces de las enseñanzas. Un método muy sencillo, pero poco practicado, es el de leer con atención, empezar por el principio y continuar hasta el fin por el camino trazado.

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Partiendo de ese principio, se glosa sobre el Espíritu a partir de la Letra, y viceversa. ¿Una cita dice lo contrario? Sí, pero la tercera afirma lo contrario de lo contrario. Y desglosamos otra frase que, al contradecir lo contrario, restablece la primera proposición. El juego de justificaciones de una tesis a través del uso de una cita sacada del texto y del contexto permite que cada cual utilice los pasajes llamados sagrados a favor de su causa: Hitler justificaba su acción alabando a Jesús cuando éste expulsaba a los mercaderes del Templo, mientras que Martín Luther King legitimaba la no violencia también citando los Evangelios... El Estado de Israel se apoya en la Tora para justificar la colonización de Palestina, los palestinos citan el Corán para expulsarlos por medio del asesinato. Los sofismas y la habilidad dialéctica adquieren formas retorcidas; el gusto por la argumentación basta para ensalzar el vicio y convertir la virtud en oprobio.

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POLÍTICA

La doctrina de la no violencia condena a la masacre cuando delante se tiene a un bruto decidido. Mahatma Gandhi y los suyos, a lo largo de las vías del tren, pueden inspirarse en los evangelios mientras no tengan frente a ellos a un comandante de escuadrón nazi que les inutilice con rapidez las dos mejillas...

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EL CORÁN

El Corán contiene ciento veinticuatro suras, y todos, menos el noveno, comienzan con la repetición del primer versículo del primer sura (1, 1), la frase inaugural: «En el nombre de Alá, el Compasivo, el Misericordioso.» Y para que así conste. La tradición da noventa y nueve nombres a Dios; el centésimo será revelado sólo en la vida futura. Entre esos nombres, hay variaciones sobre el tema de la misericordia: el que Todo lo Perdona -Al-Gahaffar-, el Justo, el Equitativo, el Benévolo Sutil, el Bondadoso -Al-Latif-, el Paciente, el Clemente -Al Halim-, el Bienamado, el Bienhechor -Al-Barr-, el Indulgente –Al’Afuww-, el Detentor de la Generosidad -Zhu-I-Jalali.

Verifiquemos en el Littré: define la misericordia como «la gracia, el perdón otorgado a los que pueden recibir castigo». O bien, si se trata específicamente de religión: «bondad por la que Dios otorga la gracia a los hombres y a los pecadores». ¿Cómo se puede justificar, por lo tanto, que entre sus otros nombres también figuren los siguientes: el que envilece -Al-Muhil-, el que causa la muerte -AlMumit-, el vengador -Al Muntaqim-, ¿el que puede perjudicar a las personas que lo ofenden -Al-Dar-? ¡Curiosa manera de practicar la misericordia la de envilecer, matar, vengar y perjudicar! Decenas de suras lo justifican a lo largo de sus páginas...

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Si, como enseña el sura titulado «Las mujeres», la ausencia de contradicciones en el Corán demuestra el origen divino del Libro - dictado durante veinte años, en La Meca y en Medina, a un hombre, un recolector de estiércol de camello, que no sabía, pobre diablo, ni leer ni escribir...- la cantidad de contradicciones acumuladas y destacadas en cursiva, mencionadas más arriba, permite afirmar el origen humano, muy humano, demasiado humano de la obra en cuestión. Paradójicamente, la tesis coránica de la ausencia de contradicciones en el texto contradicha por el examen del texto le da la razón al texto, lo que permite concluir que su origen es humano y no divino...

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Jehová manda la peste, las úlceras y las pústulas -los comienzos de la guerra bacteriológica, a lo que agrega lo que la soldadesca practica desde siempre: el asesinato de todo el mundo.

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EL VATICANO Y HITLER

A modo de información: ningún nacionalsocialista de las bases, ningún nazi del alto mando o miembro del estado mayor del Reich fue excomulgado y ningún grupo fue excluido de la Iglesia por haber enseñado y practicado el racismo, el antisemitismo o por haber hecho funcionar las cámaras de gas. Adolf Hitler no fue excomulgado, y su libro, Mi lucha, nunca formó parte del índice. Recordemos que después de 1924, fecha de publicación de ese libro, el famoso Índex Librorum Pohibitorum agregó a su lista -j unto a Fierre Larousse, culpable del Grand Dictionnaire universel (!)- a Henri Bergson, Andró Gide, Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre. Adolf Hitler nunca figuró allí.

38

HITLER

Fue decisión de un Führer ateo mandar inscribir en los cintos de los soldados de las tropas del Reich Gott mit unsy ¿Se sabe que la frase fue tomada de las Escrituras? En particular, del Deuteronomio, uno de los libros de la Tora, donde podemos leer explícitamente: «Dios marcha con nosotros» (Dt. 20, 4), una frase extraída de la arenga que Yahvé dirige a los judíos cuando parten a luchar contra sus enemigos, los egipcios, a los que Dios promete un exterminio total (Dt. 20, 13).

39

El siglo XXI comienza con la lucha sin cuartel. De un lado, el Occidente judeocristiano liberal, en el sentido económico del término, brutalmente capitalista, salvajemente mercantil, cínicamente consumista, productor de falsos bienes, ignorante de la virtud, visceralmente nihilista, sin fe ni ley, fuerte con los débiles, débil con los fuertes, astuto y maquiavélico con todos, fascinado por el dinero, las ganancias, de rodillas ante el oro proveedor de todos los poderes, generador de dominaciones -cuerpos y almas entremezclados.

 

Del otro lado, el mundo musulmán piadoso, fanático, brutal, intolerante, violento, imperioso y conquistador. curre a un hiperterrorismo de cúters, de aviones secuestrados y cinturones con explosivos artesanales. Los dos campos reivindican a Dios para sí, y cada uno practica las ordalías de los primitivos. El eje del bien contra el eje del mal, con las caras siempre invertidas.

40

El musulmán está persuadido de que beber vino y comer una chuleta de cerdo le impide la entrada al Paraíso, mientras que el asesinato de un infiel le abre las puertas del Cielo de par en par.

sábado, 24 de julio de 2021

LAS ENSEÑANZAS DE BUDA

 


LAS ENSEÑANZAS DE BUDA: DHAMMAPADA.

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

El texto cumbre del budismo es el Dhammapada (Camino de la enseñanza). Tiene 423 versos en 26 capítulos, los cuales abordan temas como la mente, la vejez, las flores, la felicidad, la honestidad, la ira, las impurezas, la nobleza, la moral y la sabiduría. Fue escrito hace 2.300 años y es considerado como el manual ético-moral del budismo.

ALGUNAS FRASES

1

 Verdaderamente es difícil controlarse a sí mismo; las más altas cualidades son la paciencia y la tolerancia; la victoria engendra enemistad; habiendo experimentado el sabor de la soledad y de la quietud, libre de angustia y de atadura se absorbe el sabor del gozo de la doctrina; verdaderamente, quien permanece en compañía de necios se atribula durante mucho tiempo. La asociación con necios es incluso tan penosa como con un enemigo. Feliz es la compañía con un sabio, incluso tanto como el encuentro con un pariente.

2

 Del deseo surge el dolor, del deseo surge el miedo. Para aquel que está libre del deseo ni hay dolor ni mucho menos miedo.

3

 Uno debe refrenar la mala conducta del cuerpo y controlarlo; de la meditación brota la sabiduría.

4

 Aun el mínimo deseo del hombre hacia la mujer, si no es aniquilado, atará mucho tiempo su mente, como el becerro a su madre, la vaca.

5

Si al renunciar a una pequeña felicidad se vislumbra una felicidad mayor, entonces que el hombre sabio renuncie a la felicidad más pequeña en vista de la felicidad mayor.

6

Aquel que se sienta solo, descansa solo, pasea solo, se autocontrola en soledad, hallará dicha en el bosque.

7

Cuando lo que debe ser hecho no es hecho, hay práctica corrupta.

8

Es mejor vivir solo; no hay amistad con necio. Que uno viva solo, evitando todo mal, estando libre de preocupaciones, como un elefante paseándose solo por el bosque.

9

 Uno no debe despreciar lo que ha recibido, no debe envidiar lo de los otros. El monje que envidia a los otros no alcanza la calma mental.

10

Líbrate de cinco cosas, rechaza cinco cosas, cultiva cinco cosas.

11

No es pequeña la recompensa del noble que no toma represalias. Cuando la mente es apartada del placer y cesa el intento de dañar, el sufrimiento amaina.

12

Quien no íntima con los que tienen hogar ni con los que no lo tienen, que libre vagabundea, sin deseos, a ése llamo yo un noble.

 

 

sábado, 17 de julio de 2021

MICHEL ONFRAY

 


MICHEL ONFRAY

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

Filósofo francés (1959),  materialista, hedonista, nietzscheano, ético y ateo que considera que la mejor enseñanza, es la enseñanza socrática. Fue abandonado a los diez años en un orfanato salesiano,​ cuestión que marcó profundamente su pensamiento, pues lo recuerda en diversos libros.

Se doctoró en filosofía con 27 años. De 1983 a 2002, enseñó filosofía en un instituto de formación profesional de la ciudad de Caen.

2

Dimite en 2002 y crea, en la tradición de las Universidades Populares,5 junto a otros profesores de filosofía, la Universidad Popular de Caen.​ Allí, da seminarios anuales, gratuitos y libres, en los que cruza hedonismo, anarquismo y estética.

3

Una enseñanza de calidad abierta a todos garantiza el conocimiento , el cual crea la ciudadanía. Por eso crea varias universidades populares inspiradas en el Jardín de Epicuro, oponiéndose así al proyecto de república platónico.

4

Onfray decidió no tener hijos.

5

Promueve una suerte de socialismo libertario inspirada en Proudhon y en la Comuna.

Para Onfray, el capitalismo e "es consustancial al mundo, desde que es mundo, desde el Neolítico, cuando se descubrieron fósiles o caracoles bonitos, su belleza o su rareza constituían su valor. A partir de esta teoría, uno puede imaginar que hubo capitalismos, formas de fabricar capital a partir de cierto número de objetos, por lo que puedo hablar de un capitalismo neolítico. Y aunque hay un capitalismo liberal, también ha habido un capitalismo antiliberal, hubo un capitalismo soviético, un capitalismo fascista, un capitalismo guerrero, un capitalismo chino...".

6

Expone que las religiones son indefendibles como herramientas de soberanía y trato con la realidad. En su Tratado de ateología enuncia una crítica contra la religión presentando un rechazo a la existencia de lo trascendente y promoviendo el interés por «nuestro único bien verdadero: la vida terrenal, el bienestar y la emancipación de cuerpos y mentes, de mujeres y hombres. Algo solo alcanzable a través de una «descristianización radical de la sociedad»

El Tratado de ateología desencadenó en 2005 una polémica en los medios intelectuales franceses: aparecieron decenas de artículos sobre el tema y dos libros que respondieron a Michel Onfray, criticando lo que sus autores consideran como «errores históricos» y «confusiones» en el ensayo de Onfray.

7

En 2010, se edita "Freud: el crepúsculo de un ídolo". En él se dice del psicoanálisis freudiano que no es más que el producto de influencias de la psicología, de la literatura y de la filosofía, pero en ningún caso es la ciencia a la que aspiraba su fundador Freud, al que Onfray describe como tacaño, mitómano, cocainómano, que se acuesta con su cuñada y luego dice que no practica el sexo para sublimar su ciencia.

El Psicoanálisis solo tiene un efecto placebo y que no es para nada una ciencia, provocó la crítica de los psicoanalistas.

Referencia: Wikipedia.

 

sábado, 10 de julio de 2021

EL LIBRO TIBETANO DE LOS MUERTOS

 


EL LIBRO TIBETANO DE LOS MUERTOS

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

1

Para Occidente la muerte es un tabú. Hablar de la muerte se considera un tema supersticioso que infunde miedo. La muerte hay que estudiarla para tenerla presente siempre, y poder convivir con ella. La muerte es compañera de la vida. Eso es lo que nos enseña el Libro tibetano de los muertos.

Martin Heidegger (1889-1976), considerado el filósofo más importante del siglo XX, solía decir que para entender la vida había que pasar más tiempo en los cementerios e imaginarnos en una sepultura.

Algo similar había insinuado Charles Dickens(1812-1870) en  “Cuento de Navidad” (1843). Veamos: El fantasma del futuro lleva a Scrooge hasta un viejo camposanto y le señala una lápida. Scrooge se arrastró temblando hasta el sitio que le indicaba el espectro “ y leyó sobre la piedra de la descuidada tumba su propio nombre: EBENEZER SCROOGE”. Después de eso, el tacaño, avaro y misántropo Scrooge “se transformó en tan buen amigo, tan buen señor, tan buen hombre, que fue el mejor en toda aquella buena y vieja ciudad…”.

2

En el Libro tibetano de los muertos se explica lo que pasa cuando dejamos de existir según el budismo. Se habla de los diferentes estados o bardos:  de la vida, del sueño,  de la muerte y el devenir.

3

El libro tibetano de los muertos (El Bardo thodol) recoge las enseñanzas de Buda con respecto a la muerte. Fue rescatado y dado conocer a Occidente por el británico W. Y. Evans Wentz .

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El Bardo thodol contiene una guía para los moribundos y los muertos; y surgió entre los budistas tántricos del Tíbet. Con estas instrucciones se puede alcanzar la iluminación y evitar renacer e ingresar nuevamente al Samsara.

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La muerte dura 49 días antes de una nueva reencarnación.

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El libro tibetano de los muertos fue escrito por Padma Sambhava en el siglo VIII. Fue descubierto en una gruta por Karma Lingpa en el siglo XIV. En Occidente fue dado a conocer, por primera vez, a través de la traducción al inglés realizada por Walter Evans-Wentz en 1927.

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Robert Thurman le da el siguiente nombre a Libro tibetano de los muertos: ‘El gran libro de la liberación natural mediante la comprensión en el estado intermedio”.

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El libro tibetano de los muertos es una guía para la vida.

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Partes del Libro tibetano de los muertos:

Parte 1: Estado transitorio del momento de la muerte: describe el momento de la muerte.

Parte 2: Estado transitorio de la realidad: trata acerca del momento inmediato después de fallecer.

Parte 3:Estado transitorio del renacimiento: maneja las cuestiones prenatales, incluyendo el nacimiento de los instintos.

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Carl Gustav Jung hizo un comentario psicológico sobe el Libro tibetano de los muertos.

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El budismo ha sido objeto de investigaciones científicas, especialmente en su aspecto relacionado con la tanatología y la asesoría espiritual a los moribundos. Soyal Rinpoché explica en su obra El Libro Tibetano de la Vida y de la Muerte (1993) la importancia y alcance del Libro tibetano de los muertos. Compara los diferentes bardos con las etapas del sueño y se apoya en ejemplos de Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) ,como las mostradas en el libro “La prueba del cielo”(2012), del médico estadounidense Eben Alexander . También fundamenta sus teorías en los trabajos de la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross esbozados en su famoso libroSobre la muerte y los moribundos” (1969).

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Namasté.

 

 

 

viernes, 9 de julio de 2021

BUDISMO SIN CREENCIAS

 


BUDISMO SIN CREENCIAS  (1997)

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

El escritor escocés Stephen Batchelor (1953) fue monje budista por diez años. Inició su ministerio religioso en la India y lo continuó en otros países asiáticos. Luego se retiró para propugnar el budismo secular. En su libro Budismo sin creencias (1997) expone sus ideas con respecto a su nuevo credo que podemos resumir así: se puede aceptar el budismo como filosofía de vida obviando los aspectos metafísicos.

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No hay nada particularmente religioso o espiritual en este camino. Abarca todo lo que hacemos. Es una forma auténtica de estar en el mundo. Comienza con entender el tipo de realidad que habitamos y el tipo de seres que somos y que habitan esa realidad.

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El Buda no fue un místico. Su despertar no fue una iluminación devastadora a una Verdad trascendente que le reveló los misterios de Dios.

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Una existencia sin despertar, en la cual derivamos inconscientes en una oleada de impulsos habituales, es tanto innoble como poco digna.

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En vez de presentarse como un salvador, el Buda se vio a sí mismo como un curador. Presentó sus verdades en la forma de diagnóstico, pronóstico y tratamiento médicos. Si tienes un dolor en el pecho, primero tienes que reconocerlo. Luego vas con el doctor para que te examine. Su diagnóstico tanto identificará la causa del dolor como te dirá si es curable. Si lo es, él te aconsejará a seguir el curso de un tratamiento. Del mismo modo, el Buda reconoció la condición existencial de la angustia. Al examinarla encontró que su origen está en el anhelo egocéntrico. Se dio cuenta de que esto podía cesar y prescribió como tratamiento el cultivo de un camino de vida que abraza todos los aspectos de la vida humana.

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La primera verdad desafía nuestra relación habitual con la angustia. En el sentido más amplio; desafía la forma en que nos relacionamos con nuestra existencia en cuanto tal: nuestro nacimiento, enfermedades, envejecimiento y muerte. ¿Hasta qué punto fallamos en entender estas realidades y sus implicaciones? ¿Cuánto tiempo se pierde en distracción e inconsciencia?

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La angustia mantiene su poder todo el tiempo que le permitamos intimidarnos. Al
considerarla habitualmente como temible y amenazante, no logramos ver las palabras
escritas en ella por el Buda: “Entiéndeme”.

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Entender una preocupación es reconocerla calma y claramente por lo que es:
transitoria, contingente y falta de una identidad intrínseca.

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Soltar un anhelo es como liberar una serpiente que tenías agarrada con tu mano. Al soltar el anhelo, éste finalmente cesará. La cesación nos permite darnos cuenta, aunque sólo sea por un momento, de la libertad, apertura y comodidad del camino central.

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Las acciones que acompañan a las cuatro verdades describen la trayectoria de la práctica
del dharma: entender la angustia lleva a soltar el anhelo, lo que conduce a materializar su
cesación, lo que lleva a cultivar el camino.

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Cuando le preguntaban qué hacía, el Buda respondía que enseñaba “la angustia y su fin”. Cuando le preguntaban de metafísica (el origen y fin del universo, la identidad o diferencia

del cuerpo y la mente, su existencia o no después de la muerte) permanecía silencioso. Decía que el dharma estaba penetrado de un sólo sabor: la libertad. No hizo afirmaciones de exclusividad o divinidad y no recurrió a un término que pudiera traducirse como “Dios”

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Históricamente, el budismo ha tendido a perder su dimensión agnóstica al
institucionalizarse como una religión (es decir, un sistema de creencias reveladas, válidas
para todos los tiempos, controladas por una elite de sacerdotes).

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El dharma puede de hecho tener más en común con un secularismo sin Dios que con los bastiones de la religión. El agnosticismo puede brindar una base común más fértil para el diálogo que, por ejemplo, un intento tortuoso de ver el sentido budista de Alá.

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Para T.H. Huxley, quien acuñó el término en 1869, el agnosticismo era tan
demandante como cualquier credo moral, filosófico o religioso. Mas que como un credo,
sin embargo, lo vio como un método, materializado a través de “la aplicación rigurosa de
un sólo principio”. Él expresó este principio en forma positiva como: “Sigue tu razón tan
lejos como te lleve” o, en forma negativa, como; “No pretendas que son correctas
conclusiones no demostradas o demostrables”.

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Fundamentalmente, el Buda enseño un método (la práctica del dharma) y no otro
–ismo. El dharma no es algo para creer sino algo para hacer. El Buda no reveló un conjunto
de hechos esotéricos sobre la realidad, que podemos elegir creer o no. Él intimó a la gente a
entender la naturaleza de la angustia, soltar sus orígenes, materializar su cesación y
convertirla en una forma de vida.

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La angustia viene de anhelar que la vida sea diferente de lo que es.

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Sobre la meditación:

Intenta este ejercicio. Busca un lugar tranquilo, confortable. Éste puede ser una esquina del

dormitorio el estudio. Colócate en un silla o, si prefieres, siéntate en el piso con los pies cruzados. Asegúrate de que tu espalda esté libre y derecha, pero no tensa. Inclina tu cabeza

hacia adelante, de manera que tu mirada caiga un metro delante tuyo. Cierra los ojos. Descansa tus manos en tu regazo o tus rodillas. Fíjate si es que hay puntos de tensión en tu cuerpo: hombros, cuello, alrededor de los ojos. Relájalos. Pon atención al contacto de tu cuerpo con el piso. Asegúrate estar quieto y en equilibrio. Nota la sutil polifonía de sonidos a tu alrededor, nota cualquier sensación en tu cuerpo, se consciente de tu estado de ánimo. No juzgues estas cosas o trates de cambiarlas: acéptalas por lo que son.

Haz tres respiraciones profundas y largas. No te imagines a la respiración como algo invisible entrando y saliendo por tu nariz; nota las sensaciones de tu cuerpo (aún las más triviales, como el contacto móvil de tu piel con la camiseta) que participan en el acto de respirar. Luego deja que la respiración siga su ritmo, sin interferir o controlarla. Sólo permanece con ella, permitiendo que la mente se asiente en la oleada de la respiración, como un bote pequeño anclado, subiendo y bajando suavemente con el oleaje. Haz esto por diez minutos.

Si persistes en observar tu respiración, podrás ver que luego de un rato tu mente comienza a

calmarse. Experimentas períodos más largos de concentración antes de que un pensamiento

te distraiga y los espante. Te vuelves más ducho en recordar regresar al presente. Te relajas

y descubres una tranquilidad conmovedora. Esta es una calma centrada desde la que puedes

enlazarte atenta y cariñosamente con el mundo.

Busca otra vez un lugar confortable para sentarte, con tu espalda recta, tu cuerpo quieto
y equilibrado; luego cierra tus ojos y presta atención a tu respiración. Siente al aire
entrando por tu nariz, expandiendo los pulmones y el diafragma. Detente, exhala contrayendo diafragma y pulmones, luego siente al aire caliente salir por la nariz. Mantén esta atención por diez minutos, siguiendo cada respiración del principio al fin.

Reflexiona sobre tu resolución: ¿Qué es lo que me ha llevado hasta este punto? ¿Por qué estoy sentado aquí? Trata de no ser atrapado por el mecanismo de pensamiento asociativo que lleva a la distracción. Cuando la mente esté calma y enfocada, considera esta pregunta:

Ya que la muerte es segura y su momento incierto, ¿qué debo hacer?

Recorre esto en tu mente, dejando que penetren su significado y desafío. Fíjate si la

pregunta resuena en tu cuerpo, dispara un estado de ánimo no verbal, un sentimiento profundo. Presta más atención al tono corporal que evoca que a los pensamientos e ideas que genera. Si sientes ese tono, descansa en silencio.

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Encuentra un lugar tranquilo, confortable. Siéntate en silencio. Asegúrate que tu espalda
esté libre y erguida, pero no tensa. Fíjate si hay puntos de tensión en tu cuerpo: hombros,
cuello, alrededor de los ojos. Relájalos. Respira tres veces en forma profunda y lenta.
Luego deja que la respiración resuma su ritmo, sin interferencia ni control.
La práctica formal de la atención comienza con darse cuenta profundamente de la
red sensorial que es el cuerpo. La respiración es una parte central de esto. Cuando meditas
en la respiración, abandona cualquier imagen que tengas de una cosa invisible que es
chupada y luego bombeada hacia afuera de los pulmones. Del mismo modo, si tienes un
imagen del ego que al meditar observa atentamente la respiración desde arriba de la cabeza,
déjala ir también. Experimenta la respiración como el propio cuerpo lo hace: un ritmo de
sensaciones que comienza con el impacto del aire frío en las fosas nasales y finaliza en una
corriente cálida saliendo por ese mismo punto un instante más tarde. Sólo cuando empiezas
a prestar mucha atención a la respiración notas lo complejo y sutil del rango de sensaciones
involucradas. Con cada inhalación y exhalación explora con más profundidad la
complejidad en múltiples capas de este acto vital.

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Meditar no es vaciar la mente y quedarse con la boca abierta ante las cosas, en un estupor como en trance. Nada importante puede resultar de mirar fija e inexpresivamente a un objeto durante el mayor tiempo posible. Meditar es percibir con intensa sensibilidad cada brillo de color, cada cadencia de sonido, el toque de la mano de otro, cada palabra tímida que busca a tientas expresar lo que no se puede decir.

 

 

 

 

 

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Hay que reflexionar sobre la vida de los que existieron antes que nosotros: la pequeña, la grande, la animal, a humana, y pensar que nosotros vamos también hacia la muerte.  Puedo ver la muerte de los otros, pero no la mía. Mi tiempo va a llegar también, pero no sé cuándo.

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La muerte no sólo le ocurre a los otros. Ni tampoco cuando quiero. El cuerpo es frágil. Es sólo carne. Escucha los latidos. La vida depende del bombeo de un músculo.

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Hay que pensar en la muerte. Cualquier cosa puede pasar. Cada vez que cruzo un camino, salgo de viaje, bajo unas escaleras, mi vida está en peligro. Por cuidadoso que sea, no puedo prever la distracción del hombre en al auto que se acerca, el colapso de un puente, el desplazamiento de una falla geológica, el recorrido de una bala perdida, el destino de un virus. La vida es propensa a los accidentes.

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La meditación reflexiva es una forma de traducir los pensamientos al lenguaje de los sentimientos. Explora la relación entre la forma en que pensamos y percibimos las cosas y cómo nos sentimos sobre ellas. Descubrimos que aún las intuiciones más fuertes y aparentemente obvias sobre nuestro ser, están basadas en suposiciones igualmente arraigadas. Poco a poco al aprender a ver nuestra vida de otra manera mediante la meditación reflexiva también nos lleva a sentir diferente respecto de ella.

21

El meditar en la muerte nos hace más conscientes de la vida misma. El meditar sobre la certeza de la muerte y la incertidumbre de su momento nos ayuda a transformar la muerte de otro, de una incomodidad engorrosa a la conclusión sobrecogedora y trágica de la transitoriedad que yace en lo más profundo de cualquier vida.

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Pero si no existe otro mundo y si las acciones bien y mal hechas no fructifican y maduran, entonces aquí en esta vida yo estaré libre de hostilidad, angustia y ansiedad, y viviré feliz. Este es el segundo bienestar adquirido … (Buda)

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Las religiones no están unidas por la creencia en Dios sino por la creencia en la vida después de la muerte. Para el budismo religioso, renaceremos en una forma de vida de acuerdo a la calidad ética de las acciones cometidas en la vida presente o las pasadas. Las religiones monoteístas siguen un principio similar, aunque las opciones postmortem suelen estar limitadas al cielo o el infierno. A lo largo de la historia, las religiones han explicado que la muerte no es el fin de la vida, sino que alguna parte de nosotros—quizás nosotros enteros—continua.

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Parecería que hay dos opciones: creer o no en el renacimiento. Pero existe un tercera alternativa: el reconocer, con toda honestidad, yo no sé. Ni tenemos que adoptar las versiones literales del renacimiento presentadas por la tradición religiosa ni caer en el extremo de tomar a la muerte como aniquilación. Independientemente de lo que creamos, nuestras acciones tendrán ecos más allá de nuestra muerte. Sin importar nuestra supervivencia personal, el legado de nuestros pensamientos, palabras y acciones continuará en las impresiones que dejamos en las vidas de los que hemos influido o tocado en alguna forma.

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El despertar es el propósito que engloba todos los propósitos. Lo que hacemos tiene sentido en la medida de que nos lleva al despertar y carece de sentido en la medida en que nos aparta de él. La práctica del dharma es el propio proceso de despertar: los pensamientos, palabras y actos que tejen la tela de la experiencia en un todo coherente. Y este proceso se logra con la participación: se sostiene y madura en las comunidades de amigos.

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El proceso de despertar es como caminar en un sendero. Cuando encontramos ese sendero luego de horas de buscarlo en la maleza, por lo menos sabemos que vamos a alguna parte. Es más, de pronto descubrimos que podemos movernos con libertad, sin obstáculos. Adoptamos un paso rítmico y fácil.

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Un de las cosas más difíciles de recordar es acordarse de acordarse. La percepción
comienza recordando lo que tendemos a olvidar. El ir derivando en la vida en medio del
afloramiento acolchonado de impulsos es una de las tantas estrategias para olvidar .

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Detenerse y prestar atención a lo que nos está pasando en este momento es una forma de desprendernos de tales fijaciones. Es también una definición razonable de meditación.

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Aunque se puede meditar formalmente, una o dos veces por día, el propósito es lograr una percepción fresca en todo lo que hacemos. Ya sea parado o caminando, sentado o acostado, solo o en compañía, descansando o trabajando, trato de mantener la misma atención cuidadosa.

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La percepción es un proceso de profundizar la auto–aceptación. No es ni un examen frío y cuidadoso de la vida ni un medio para la perfección. Abraza todo lo que observa. No hay nada poco digno de aceptar. La luz de la percepción seguramente iluminará cosas que preferiríamos no ver. Esto significará un descenso a lo prohibido, reprimido, negado. Podríamos destapar recuerdos inquietantes, terrores irracionales de nuestra niñez. Podríamos tener que aceptar un genio en potencia, como también un asesino, violador o ladrón potencial escondido muy adentro.

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Debemos reflexionar en nuestra motivación, preguntándonos: “¿por qué hago
esto?” O podemos considerar la certeza de la muerte y la incertidumbre de su momento,
concluyendo con la pregunta “¿qué debo hacer?” Estas reflexiones pueden aterrizarnos en
la realidad que la intranquilidad y el letargo tratan de evitar con tanto ahínco.

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No hay nada en mi interior en lo que pueda confiar, nada que puedo considerar como “yo” o “mío”.

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La vida se convierte en una sucesión de pequeños nacimientos y muertes. Al lograr lo que
quiero, siento renacer. Pero tan pronto me instalo en este sentimiento, vuelven a surgir mis
viejas ansiedades. La nueva posesión pronto envejece ante la atracción de algo más
deseable que no tengo. Lo que parecía perfecto de pronto empieza a comprometerse por
atisbos alarmantes de sus imperfecciones. En vez de resolver mis problemas, esta nueva
situación los reemplaza con otros de los que no había sospechado. Sin embargo, en vez de
aceptar esto como la naturaleza de la vida en un mundo poco confiable, en vez de aprender
a estar contento con el éxito y el gozo y no sentirme abrumado por el fracaso y el dolor, en
vez de apreciar la belleza amarga, trágica y triste de la vida, aprieto los dientes y lucho
esclavizado por esa voz tenue y seductora que susurra: “Y si sólo …”

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La mayor amenaza a la compasión es la tentación de sucumbir a las fantasías de superioridad moral. Eufóricos por el altruismo hacia los demás, podemos llegar a creernos sus salvadores

La compasión está en el propio corazón y alma del despertar.

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Somos nuestros propios carceleros. Nos mantenemos prisioneros al aferrarnos, por miedo y confusión, a un ego que existe independiente de todas las condiciones. En vez de aceptar y entender las cosas como son, buscamos independizarnos de ellas en una individualidad aislada. Irónicamente, este egoísmo alienado se confunde con libertad individual. El objetivo de la práctica del dharma es liberarnos de esta ilusión de libertad.

Esto se logra entendiendo la angustia que acompaña esa independencia engañosa y dejando

ir a la confusión y el anhelo que la mantienen en su lugar.

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El cultivar el camino comienza con una visión auténtica del carácter cambiante,
contingente y creativo de nuestro ego y del mundo. Aunque en un comienzo la experiencia
de la libertad intrínseca de la realidad sea esporádica y momentánea, la práctica del dharma
abraza un tipo de vida que ve a esta experiencia como la norma en vez de la excepción.
Aunque podemos estar todavía abrumados por los patrones turbulentos del hábito, nuestro
compromiso con esta visión de la libertad permanece inquebrantable. Para socavar esa
visión fija y congelada de las cosas, debemos cultivar la percepción de la libertad presente
en cada momento de la experiencia.

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La respiración es el movimiento de la vida, el proceso vital que conecta al cuerpo con su medio ambiente.

38

Cuanto más conscientes somos del desarrollo misterioso de la vida, es más claro que su propósito no es satisfacer las expectativas del ego. Sólo podemos pronunciar las preguntas que hace. Luego dejar ir, escuchar y esperar.

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A través de contrarrestar esta fuerza del hábito, la práctica del dharma tiene dos
objetivos: liberarse del anhelo egocéntrico de manera que nuestras vidas se vayan
convirtiendo gradualmente en más despiertas; y estar receptivo a la erupción súbita del
despertar en nuestras vidas en cualquier momento. El despertar es tanto el proceso lineal de
libertad que se cultiva con el tiempo como la posibilidad siempre presente de libertad. El
camino central es tanto un sendero con principio y fin como la potencialidad sin forma en el
propio centro de la experiencia.

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En cuanto a experiencia de libertad, el despertar no nos provee con un conjunto de
ideas o imágenes prefabricadas—mucho menos doctrinas filosóficas o religiosas. Por su
propia naturaleza está libre de las restricciones de ideas, imágenes o doctrinas
preconcebidas. No ofrece respuestas, sólo la posibilidad de nuevos comienzos. Al
experimentarlo, no traducimos conocimientos esotéricos ocultos a declaraciones sabias, de
la misma manera que un escritor tampoco traduce al papel frases completas escondidas en
su mente.

41

La práctica del dharma se parece más a la creación artística que a la resolución de un problema técnico. La dimensión técnica de la práctica del dharma (como por ejemplo el entrenamiento para tener una mente atenta y enfocada) es comparable a las habilidades técnicas que un ceramista tiene que aprender para ser experto en su campo.

42

Las cuatro verdades que ennoblecen del Buda proveen no sólo un paradigma de libertad cognitiva y afectiva sino también un patrón de visión estética. Toda obra de arte que profundiza nuestro entendimiento de la angustia, que nos mueve a relajar las restricciones de un anhelo egocéntrico, que revela el juego dinámico del vacío y que forma e inspira una forma de vida que lleve a esos fines, lleva el sello de una belleza auténtica. Y del mismo modo que trabajos no budistas pueden tener ese efecto, trabajos explícitamente budistas pueden fracasar en lograrlo.

43

De acuerdo con el diccionario Chambers, cultura es “el estado de estar siendo cultivado”.
Lo que debe cultivarse, de acuerdo al Buda, es un sendero de visión auténtica, ideas, habla,
acción, formas de vida, resolución, atención y percepción enfocada. Luego, una cultura del
despertar es el estado en que este sendero es cultivado.

44

Tenemos que discernir entre qué elementos son vitales para la supervivencia del dharma y cuáles son artefactos de culturas foráneas que pueden obstruir esta supervivencia.

Un ejemplo contemporáneo es hasta qué punto las doctrinas metafísicas de karma y renacimiento son o no esenciales para la tradición.

45

Una cultura del despertar no puede existir independientemente de las específicas culturas sociales, religiosas, artísticas, y étnicas, en la que está enclavada.